Especialistas de Interclínica advierten que una planificación realista y hábitos saludables ayudan a enfrentar el retorno con mayor equilibrio.
Con el fin de las vacaciones cada vez más cerca, comienza el proceso de regreso al año laboral y académico, una etapa de transición marcada por el ajuste de horarios, responsabilidades y hábitos cotidianos. Tras semanas de mayor flexibilidad, retomar rutinas puede generar cansancio, estrés e incluso ansiedad, especialmente cuando el cambio se realiza de forma brusca.
En este contexto, los días previos al inicio formal de marzo se presentan como una oportunidad para prepararse de manera gradual, estableciendo bases que favorezcan el rendimiento académico y laboral, junto con el cuidado de la salud física y emocional.
El impacto de retomar la rutina
Durante el regreso a clases y al trabajo, es frecuente que se acumulen hábitos poco saludables, como dormir menos horas, desordenar los horarios de alimentación o aumentar el tiempo frente a pantallas. Estos factores pueden afectar tanto el desempeño diario como el bienestar.
“Son cambios que inciden directamente en la concentración, la productividad y el estado de ánimo. Cuando se sostienen en el tiempo, también disminuyen la tolerancia al estrés”, comenta el doctor Jose Ondarza, especialista de Los Leones Interclínica.
A esto se suma el esfuerzo de adaptación que debe realizar el organismo tras el período de descanso. “La vuelta a la rutina exige al cuerpo y a la mente. Si no se respetan los tiempos de descanso, es posible observar irritabilidad, dificultades para concentrarse y una sensación persistente de agotamiento”, agrega el médico.
Organización y adaptación
Uno de los principales desafíos de este período es reorganizar el día a día antes de que comiencen plenamente las exigencias de marzo. Recuperar horarios más definidos para dormir, comer, estudiar y trabajar permite una adaptación más amable y reduce el impacto del cambio.
“Anticiparse y retomar rutinas de manera progresiva ayuda a que el organismo vuelva a reconocer ciertos ritmos, lo que se traduce en mayor energía, mejor concentración y menor sensación de agobio”, explica el doctor Ondarza.
En la misma línea, planificar la semana con anticipación, priorizar tareas y considerar espacios de descanso resulta clave para evitar la sobrecarga. “Esta estrategia es especialmente relevante tanto para estudiantes que enfrentarán nuevas exigencias académicas como para adultos que retoman responsabilidades laborales de mayor intensidad”, sostiene el especialista.
Alimentación y sueño
La alimentación equilibrada y el descanso adecuado cumplen un rol fundamental durante esta etapa de ajuste. Saltarse comidas, abusar de alimentos ultraprocesados o reducir las horas de sueño impacta directamente en la memoria, la atención y la regulación emocional.
“El sueño es clave para el aprendizaje y la salud mental. Cuando dormir mal se vuelve algo sostenido, disminuye el rendimiento cognitivo y aumenta el riesgo de ansiedad y otros trastornos del ánimo”, advierte la doctora Viviana Tualongo, de San José Interclínica.








