7 mitos sobre sexualidad en los jóvenes

7 mitos sobre sexualidad en los jóvenes

En APROFA no fueron una sorpresa las dudas expresadas por los jóvenes en el libro “100 preguntas sobre sexualidad adolescente”  que publicó la Municipalidad de Santiago. En los talleres que desarrollan con estudiantes y jóvenes de organizaciones comunitarias, se han encontrado permanentemente con mitos que revelan la desinformación en la materia y que ameritan la existencia de políticas públicas que posibiliten la educación en afectividad, sexualidad y género.

En un artículo de prensa del año 2006 sobre mitos de la sexualidad en adolescentes una escolar confesaba que “si me lavo inmediatamente o me levanto rápidamente para que caiga el semen o hago pipí después de una relación sexual, no quedo embarazada”. Diez años después, poco ha cambiado.

“Estos mismos mitos se repiten en 2016, absolutamente. Incluso algunos jóvenes, hombres y mujeres, hablan de que hay que lavarse con cloro, después de una relación sexual”, admite Débora Solís, directora ejecutiva de APROFA, la Asociación Chilena de Protección de la Familia, una fundación sin fines de lucro dedicada a brindar servicios de atención, capacitación, y promover iniciativas, leyes y políticas en materias de salud y educación sexual y reproductiva.

En los talleres que han desarrollado con estudiantes y jóvenes de organizaciones comunitarias, el equipo multidisciplinario de APROFA se ha encontrado con varias sorpresas que se transmiten de generación en generación. Por eso no fueron una sorpresa las dudas expresadas por los jóvenes en el libro “100 preguntas sobre sexualidad adolescente”  que publicó la Municipalidad de Santiago y que tanta polémica ha levantado en las últimas semanas.

En definitiva, esa desinformación tiene como consecuencia el embarazo de niñas menores de 15 años y las enfermedades de transmisión sexual entre jóvenes. Acá, reproducimos algunos de esos mitos:

1)      LOS ESPERMIOS NO NADAN HACIA ARRIBA. “Estábamos trabajando con dirigentes de centros de alumnos y uno de ellos sostuvo que los espermios en el momento de la relación sexual no ‘nadan’ para arriba, sólo lo hacen para abajo. Entonces, según él, un método de prevención del embarazo es tener una relación sexual con la mujer en posición sobre el hombre. Y lo afirmó de una manera tan categórica, que a mí me sorprendió. Y más me sorprendió que nadie en esa sala lo cuestionó. Esto no sólo derriba el mito que los y las jóvenes de hoy, a diferencia de los del pasado, saben más de sexualidad, sino que la información a la que acceden no siempre es de calidad”, revela la directora ejecutiva de APROFA.

Los mitos son parte de la cultura sexual de un grupo de la población, que en un 48% entre 15-19 años son sexualmente activos, según la 6ª Encuesta Nacional de Juventud (INJUV) del año 2010. El mismo sondeo indicó que, en promedio, la edad de iniciación sexual en hombres es de 16,4 años y en mujeres, de 17,1 años.

2)      DÍAS FÉRTILES. “No es difícil encontrarnos con testimonios de adolescentes y jóvenes que confunden el calendario menstrual con el calendario mensual. Acá han venido chicas que nos han dicho que el día 14 de cada mes soy fértil, y entonces ese día no tienen sexo. ¡Y se guían por el calendario, ni siquiera por su calendario menstrual! Resultado: Aumenta la probabilidad de un embarazo”.

Según las últimas Estadísticas Vitales publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), los hijos de madres adolescentes llegaron a 29.454 en 2014 (852 corresponden a  niñas menores de 15 años) y alcanzaron el 12% del total de nacidos vivos.

3)      “PRUEBA DE AMOR”. “Está la idea de que no es de machos usar preservativo. Además, en el Chile de 2016 todavía existe la “prueba de amor”, y una relación sin condón significa que estamos más enamorados. Y en las mujeres hay poca capacidad de negociar que el hombre use el preservativo”, comenta Débora Solís.

De acuerdo al Informe Situación Actual del Embarazo Adolescente en Chile, el uso del preservativo en la población masculina llegaba al 37,9% en el año 2012 en el segmento entre 15-19 años, pero bajaba drásticamente a 3,5% en menores de 15 años.

En este sentido, no involucrar contenidos de género en la educación en sexualidad resta de manera importante la conversación acerca de educación en género y cómo ésta impacta de manera significativa en cómo vivimos nuestra sexualidad, sumada a la escasa información sobre el uso correcto del condón, más los problemas de acceso a los preservativos, configura según la directora de APROFA un escenario “donde no solamente podemos manifestarnos en contra que niñas y adolescentes estén expuestas a situaciones de embarazos tempranos, sino que es urgente articular acciones y políticas que contribuyan efectivamente a que esa situación no se dé”.

4)      SÓLO LA PÍLDORA. Débora Solís recalca que el acceso de las niñas a las pastillas anticonceptivas es muy relativo, partiendo porque las menores de 14 años deben ir acompañadas de un adulto a un consultorio para buscar métodos anticonceptivos, y este requerimiento, para la mayoría de las y los jóvenes se transforma en una barrera de acceso a los métodos anticonceptivos. A esto deben sumarse mitos en torno a supuestos efectos secundarios de la pastilla, como el mal genio, problemas para dormir o para concentrarse, e incluso algunas creen que las harán engordar. Además, los jóvenes piensan que los métodos anticonceptivos se reducen a la pastilla y el condón y tienen poca información sobre la batería de posibilidades que tienen a su disposición.

“Por ejemplo, con el condón femenino se sorprenden, aunque el mundo adulto se sorprende más. Y tienen poca información sobre los implantes subdérmicos, las inyecciones una vez al mes o los anillos vaginales.  Como no los conocen, es fácil que se transmitan informaciones erróneas, como por ejemplo ‘da lo mismo usar o no condones, porque los condones siempre se rompen’”, explica la directora ejecutiva de APROFA.

En la 7ª Encuesta Nacional de Juventud (INJUV) 2012, el  90% aseguró haber usado algún tipo de prevención en su última relación sexual; el 54% dijo reconocer las principales conductas de riesgo y el 26% confesó haberse realizado el examen de VIH-SIDA.

5)      CONDÓN REUTILIZABLE. “En el Chile de 2016  todavía piensan que se puede usar el condón más de una vez”, comenta Débora Solís. Y a la reticencia a usar el profilático y las dificultades para su acceso, se mantienen ideas erróneas como pensar que “si eyaculo fuera, la mujer no queda embarazada. Todavía no hay conciencia de que en el roce hay fluidos que pueden propiciar el embarazo, sin necesidad de penetración. Y cuando uno se los hace ver, los jóvenes se sorprenden”.

6)      SEXO ANAL. El sexo anal es una práctica sexual que  los y las jóvenes experimentan, tanto para relaciones heterosexuales, como para relaciones homosexuales: “Por ejemplo, fui a un curso de octavo básico a hacer un taller y una niña me preguntó si era tan cierto que hacer sexo anal prevenía el embarazo, lo que nos podría estar señalando es que se usa como una forma de prevención de embarazos, sin estar al tanto de los riesgos asociados, por ejemplo el contagio de Infecciones de Transmisión Sexual”, revela la directora ejecutiva de APROFA. Por otro lado, en los hombres hay muchas dudas y temores porque se le asocia con el dolor. “Un joven comentó en un taller que el dolor de la penetración anal es tan tan fuerte como si te cortaran el pene”.

7)      MENSTRUACIÓN Y AMAMANTAMIENTO. “Un mito clásico de los hombres es que si las mujeres están menstruando no quedan embarazadas, entonces pueden tener relaciones sin cuidarse. Encontramos grupos de jóvenes y adultos que tienen la creencia de que aquellas que son mamás, durante todo el tiempo que estén amamantando no van a quedar embarazadas, entonces no usan ningún tipo de método anticonceptivo y/o que el uso de métodos anticonceptivos durante el periodo de lactancia está contraindicado ya que tiene efectos secundarios para la madre y el o la bebé”.

De acuerdo a la experiencia de APROFA, estos mitos se enfrentan con más y mejores políticas públicas y educación en sexualidad focalizada en niños, niñas y jóvenes “que creen manejar información, pero ésta no siempre es adecuada y no siempre es real, tienen preguntas distintas a las que hacíamos nosotros, pero además no confían en el mundo adulto, que aparte de ser bien sancionador en esta materia también tenemos un conocimiento de la sexualidad juvenil muy limitado. Debemos atrevernos a conversar acerca de este aspecto de nuestra vida en la casa, en la sala de clases, en la consulta del especialista”, explica Débora Solís.

Sin embargo, para hacer educación en sexualidad, se debe enfrentar otro mito, instalado en la mente de los responsables de políticas públicas, quienes creen que ésta “fomenta el libertinaje sexual”, lamenta la directora ejecutiva de APROFA. “Dicen ‘no hacemos educación sexual porque eso les abre los ojos a los jóvenes y van a salir disparados a experimentar’. Hay evidencias sustantivas para señalar lo contrario. Hacer políticas públicas que posibiliten educación en afectividad, sexualidad y género es cumplir con un derecho humano básico, como es el derecho a contar con la información suficiente para tomar decisiones con responsabilidad. Si queremos avanzar en ser un país con oportunidades para todas y todos y sin discriminaciones de ninguna índole, desarrollar este aspecto como responsabilidad del Estado constituye aún una deuda”, finaliza.

Foto vía: Voyhoy

Categories: Columnas

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